El siguiente artículo de «Bajo la bandera del marxismo», escrito por José Gabriel Roldán, nos sirve para corroborar una vez más no solo la actual tendencia del revisionismo cubano, sino también sus orígenes y los nexos entre el actual camino y el de hace unos años. En el artículo se destacan varias cuestiones que siempre hemos recalcado –téngase en cuenta, que como el mismo carácter del artículo a presentar, solo citaremos fenómenos económicos por lo ilustrativo que son los datos para desmontar al revisionismo cubano–:
2) Su evolución hacia el sector terciario y en especial al sector turístico. Véase la obra: «Crítica al artículo: «La nueva Ley de Inversión Extranjera en Cuba romperá con el bloqueo fuera de EEUU» de 2014.
3) El papel económico de otros imperialismos en la economía de Cuba. Véase la obra: «Sobre el acercamiento de Cuba y EEUU [Recopilación documental]» de 2014.
4) La similitud de las reformas desesperadas de las últimas décadas en Cuba con las reformas de los regímenes capitalistas-revisionistas de los 70 y 80. Véase la obra: «El revisionismo del «socialismo del siglo XXI» de 2013.
5) La calcada táctica del revisionismo cubano y otros revisionismo del pasado, en cuanto a que cuando querían acercarse a su teórico enemigo –para entablar entre otras cosas contacto económico–, cambiaban de arriba a abajo todo el discurso. Véase la obra: «Algunas reflexiones sobre los discursos en la VII Cumbre de las Américas» de 2015.
6) El objetivo de estos acercamientos cubano-estadounidenses. Véase la obra: «Sobre el acercamiento de Cuba y EEUU [Recopilación documental]» de 2014.
Pese a todo, el lector debe prestar atención a que ciertas partes del artículo son empañadas con la clásica ilusión y condescendencia hacia el guevarismo, el cual no ha sido sino una variante del revisionismo cubano. Véase: «¿Por qué no puede considerarse al «Ché» Guevara como marxista-leninista?».
El documento:
1) El subdesarrollo de la industria cubana debido a la adhesión a la teoría del revisionismo chino de la «agricultura como base de la economía», y a la vez a la teoría del revisionismo económica soviético de la «división internacional del trabajo», incapacitando al país para mantener su autosuficiencia, y para llevar a cabo la colectivización en el campo bajo la mecanización a gran escala. Véase la obra: «Crítica al artículo: «La nueva Ley de Inversión Extranjera en Cuba romperá con el bloqueo fuera de EEUU» de 2014.»
2) Su evolución hacia el sector terciario y en especial al sector turístico. Véase la obra: «Crítica al artículo: «La nueva Ley de Inversión Extranjera en Cuba romperá con el bloqueo fuera de EEUU» de 2014.
3) El papel económico de otros imperialismos en la economía de Cuba. Véase la obra: «Sobre el acercamiento de Cuba y EEUU [Recopilación documental]» de 2014.
4) La similitud de las reformas desesperadas de las últimas décadas en Cuba con las reformas de los regímenes capitalistas-revisionistas de los 70 y 80. Véase la obra: «El revisionismo del «socialismo del siglo XXI» de 2013.
5) La calcada táctica del revisionismo cubano y otros revisionismo del pasado, en cuanto a que cuando querían acercarse a su teórico enemigo –para entablar entre otras cosas contacto económico–, cambiaban de arriba a abajo todo el discurso. Véase la obra: «Algunas reflexiones sobre los discursos en la VII Cumbre de las Américas» de 2015.
6) El objetivo de estos acercamientos cubano-estadounidenses. Véase la obra: «Sobre el acercamiento de Cuba y EEUU [Recopilación documental]» de 2014.
Pese a todo, el lector debe prestar atención a que ciertas partes del artículo son empañadas con la clásica ilusión y condescendencia hacia el guevarismo, el cual no ha sido sino una variante del revisionismo cubano. Véase: «¿Por qué no puede considerarse al «Ché» Guevara como marxista-leninista?».
El documento:
Cuba: En camino a la completa integración en la economía mundial
El reciente acercamiento de Estados Unidos hacia Cuba es el reconocimiento oficial del absoluto fracaso de la política imperialista hacia el país caribeño. Una política reaccionaria de más de cincuenta años, producto natural de la Guerra Fría conducida por el capitalismo monopolista norteamericano contra la revolución, el socialismo y todo lo que supusiera el más mínimo progresismo en el mundo. Durante la era soviética, la nueva Cuba fue una especie de amenazante daga en las costillas de los Estados Unidos. Sólo después de la desintegración de la URSS, los gobernantes norteamericanos pudieron permitirse declarar que Cuba ya no era una prioridad para la seguridad estadounidense. No obstante eso, continuaron con el embargo económico y la política de aislamiento de Cuba, con el objetivo de que el régimen cubano se consumiera por la incapacidad de su economía para enfrentar sus contradicciones estructurales básicas, y con la esperanza puesta en un iluso levantamiento popular contra los gobernantes cubanos. Según una idea que durante la última década ha venido ganando aceptación en amplios círculos del capital monopolista norteamericano, Estados Unidos ha desperdiciado mucho tiempo en sus esfuerzos por ganar a Cuba a su esfera de influencia, incidiendo demasiado en el “garrote” y olvidando la “zanahoria”, que hoy consideran más efectiva en este caso particular. [1]
Para los dirigentes cubanos, este cambio en la política norteamericana es una oportunidad caída del cielo, considerando los posibles contratiempos económicos y sociales que se le pueden presentar en el corto plazo, como resultado de que Venezuela ya no pueda continuar subsidiando a Cuba. El fantasma de la amarga experiencia vivida como consecuencia de la desintegración de la URSS y el bloque soviético, recorre toda la Isla ante un eventual corte de la ayuda venezolana, y ha llevado a los gobernantes cubanos a buscar alternativas. A pesar de todas las protestas de no renunciar a los principios y defender su independencia, los dirigentes cubanos consideran que el restablecimiento de las relaciones económicas y comerciales con Estados Unidos constituye una luz al final del túnel. Esto es así, en primer lugar, porque su principal “benefactor”, el gobierno venezolano, enfrenta apremiantes problemas económicos y políticos que le van a obligar a centrar su atención y sus recursos en la solución de sus propios problemas internos. El desplome del precio del petróleo, la pérdida de reservas internacionales, la galopante inflación interna, y la crisis económica que golpea a los trabajadores, entre otras cosas, están creando dificultades para que el gobierno venezolano pueda continuar asistiendo a Cuba. Y como es sabido, Venezuela es el principal socio comercial de Cuba, representando el 35%-40% de su comercio exterior[2], y su principal fuente de divisas, divisas que Cuba necesita con apremio para adquirir los bienes básicos para el consumo de su población y para mantener en funcionamiento su economía.
